La Noche de San Juan es una de las pocas celebraciones donde tres civilizaciones —la pagana europea, la cristiana y la prehispánica— llegaron a la misma fecha por razones completamente distintas y decidieron compartirla sin que nadie lo planeara
La celebración toma su nombre de Juan Bautista, único santo que se festeja el día de su nacimiento, el 24 de junio. Seis meses exactos antes de la Navidad, como si el calendario cristiano hubiera dividido el año en dos con la misma precisión con que el sol divide el año en solsticios.
La fecha coincide con la llegada de Hernán Cortés a Veracruz, y el primer pueblo que él bautizó fue San Juan de Ulúa, en referencia al santo. México lleva el nombre de ese santo en su puerto más importante desde 1519.
La celebración llegó a México en 1538 con los frailes franciscanos y sus obras de teatro religioso, en las que representaban a Juan Bautista como el fuego que suplantó al agua y la lluvia de los dioses mayas Tláloc y Chaac.
Lo que los frailes no calcularon es que al ponerlo junto a Tláloc no reemplazaban al dios de la lluvia: lo absorbían. En gran parte de México, el 24 de junio marca el inicio oficial de la temporada de lluvias.
La lluvia que los mexicas esperaban de Tláloc llegó exactamente el día de San Juan durante generaciones, lo suficiente para que nadie distinguiera ya quién la mandaba. Las celebraciones incluyen prácticas de curación, adivinación y oráculos.
Los rituales incluyen saltar sobre hogueras, bañarse en ríos o el mar a medianoche, escribir en papeles lo que se desea liberar y quemarlos, y recolectar plantas medicinales que esa noche tienen propiedades especiales.
Se cree que en la noche de San Juan los animales pueden hablar y revelar secretos del futuro. La noche más corta del año es también la más cargada de posibilidades. Tres civilizaciones comparten esa convicción desde hace más de dos mil años.
El fuego que encendían los celtas para dar fuerza al sol, las hogueras con que Zacarías anunció el nacimiento de su hijo Juan y el agua que los mexicas pedían a Tláloc son la misma celebración con tres nombres distintos.
Eso es lo más hermoso de la Noche de San Juan: que nadie tuvo que ponerse de acuerdo para que todo coincidiera.



