26 años de negociación, se firma el acuerdo UE-Mercosur. Desde Asunción – Paraguay será el anfitrión de la histórica ceremonia que contará con la presencia de Milei y la ausencia de Lula. Máxima expectativa por el impacto económico. Los sectores a mirar de cerca
El año 2000 cuando se lanzaron formalmente las negociaciones para un Acuerdo de Asociación Birregional entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur.
La firma representa un hecho histórico por su magnitud e impacto: conformará un mercado con aranceles mínimos de bienes y servicios con más de 750 millones de consumidores que representan casi el 30% del PBI mundial y cerca del 35% del comercio global. Es, sin lugar a duda, el mayor acuerdo alcanzado por el Mercosur desde su constitución en 1991. También muy esperado por Bruselas.
A pesar de estas complejidades, en Asunción se estampará la firma final del acuerdo de libre comercio entre ambos bloques. Será en un sitio emblemático, el Gran Teatro José Asunción Flores del Banco Central de Paraguay, en Asunción, donde en 1991 se firmó el Tratado de Asunción que dio puntapié al Mercosur. Santiago Peña le imprimirá este enfoque histórico a su discurso.
No estará presente Luiz Inácio Lula da Silva. El presidente de Brasil decidió no participar.
Las cancillerías del Mercosur y las principales autoridades de la Unión Europea insisten con dejar las diferencias de lado y concentrar las energías en el impacto concreto y real que el acuerdo tendrá en ambos bloques en un futuro próximo. Así lo impulsa la Argentina desde la Cancillería de Pablo Quirno.
Para que el tratado entre en vigencia, tendrá que ser ratificado por los parlamentos de la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y el de la Unión Europea. En ninguno presentaría resistencia, pero se lanza también una carrera para los del Mercosur: quien lo apruebe primero podrá empezar a negociar las cuotas que se habiliten para cada uno de los sectores productivos.
, las cancillerías del Mercosur y las principales autoridades de la Unión Europea insisten con dejar las diferencias de lado y concentrar las energías en el impacto concreto y real que el acuerdo tendrá en ambos bloques en un futuro próximo. Así lo impulsa la Argentina desde la Cancillería de Pablo Quirno.
Para que el tratado entre en vigencia, tendrá que ser ratificado por los parlamentos de la Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y el de la Unión Europea. En ninguno presentaría resistencia, pero se lanza también una carrera para los del Mercosur: quien lo apruebe primero podrá empezar a negociar las cuotas que se habiliten para cada uno de los sectores productivos.
La Unión Europea prevé que sus exportaciones al Mercosur aumenten en hasta un 39%. Esto planteará un desafío para sectores como, principalmente, el automotor -que eliminará los aranceles para la importación de vehículos de pasajeros en un plazo de 15 años-; el de químicos y laboratorios; como así también el de maquinaria.
Entre la política y los empresarios sudamericanos existe una expectativa de que los efectos negativos que el acuerdo puede traer en el corto plazo se neutralicen -y hasta se reviertan- en el largo plazo.
No sólo la apertura comercial y la competitividad que ello trae relacionada, sino también los protocolos medioambientales que exigió la UE. En algunos casos necesitará adecuaciones y el respeto a regulaciones que en algunas ocasiones no estaban presentes en el Mercosur. Fuentes consultadas coinciden en que este capítulo entierra por completo la posibilidad de que la Argentina se retire de los Acuerdos de París, como en algún momento anunció Javier Milei.
Pese a que lo que se firmará en el día de hoy es un acuerdo comercial, tiene un trasfondo fuertemente político. Existen diferencias marcadas en el viejo continente con Francia al frente, como así también las que quedaron expuestas con la ausencia de Lula en Asunción.
Este tratado representa una posibilidad para Bruselas de abroquelarse frente a un nuevo orden global occidental proteccionista con Donald Trump a la cabeza y con una bloque que ha perdido influencia político y económica. Es, de un modo sencillo de leer, el compromiso de sostener relaciones cercanas con América Latina, una región que parece haber recobrado una importancia estratégica.





