De la Dependencia con China al ‘Sorpasso’ de EE. UU.: El cambio de paradigma en el comercio argentino
Por Agustín Jaureguiberry*
La historia económica argentina ha estado marcada por ciclos de pragmatismo y periodos de ceguera ideológica. Durante décadas, una narrativa instalada en la percepción social, alimentada por sectores ligados al peronismo, posicionó a Estados Unidos como el «rival» necesario. El corolario simbólico del “Braden o Péron” consolidó una idea que condicionó posturas políticas que todavía llegan a nuestros días. Del dominio británico pasábamos al anti-americanismo.
Irónicamente (o no), el propio Perón comprendió que el desarrollo industrial requería del capital y la tecnología estadounidense. En su 2da presidencia, la Ley de Inversiones Extranjeras y el acuerdo (aunque trunco) con la Standard Oil para explotar petróleo (un simil del RIGI actual) fueron intentos de conectar al país con la frontera tecnológica de la época.
Ya en el siglo XXI, esta construcción se cimentó en el estigma de las «relaciones carnales» de los años 90, cuya mala prensa —asociada al desenlace de la convertibilidad y las recetas del FMI— generó un rechazo social que terminó asimilando la apertura comercial con la pérdida de soberanía.
Dicha posición llego a su nivel más alto con el “NO AL ALCA” del 2005, fogoneado por el kirchnerismo, privando al país de un acceso preferencial al mercado más grande del mundo. Mientras tanto, nuestras exportaciones a China crecían fuertemente forzando, como veremos luego, una dependencia que hoy muestra signos de agotamiento estructural.
A partir del año 2008, la balanza comercial con China se ha transformado en una trampa de déficit que implica un drenaje constante de divisas. Desde aquel año, el saldo negativo acumulado es de más de USD 100.000 millones, equivalente a prácticamente dos de nuestros préstamos del FMI. Lo cual, rompe otra idea: Más que financiar la fuga de capitales, los USS fueron a financiar a la industria china.
Uno de los fundamentos esgrimidos del vínculo comercial con China es su complementariedad. Pero no puede hablarse de «complemento” cuando existe un déficit masivo. Si bien las importaciones del país oriental han contribuido a reducir costos de producción de la industria, el saldo final es a toda vista desfavorable.
Paralelamente, el comercio con Estados Unidos ha dado un vuelco. Tradicionalmente Argentina registraba déficits comerciales. Pero esto cambio. La menor importación de energía por el boom de Vaca Muerta y, a su vez, la demanda de insumos para la industria del shale/fracking en EEUU, dieron vuelta las cuentas. Desde 2024, Argentina tiene superávit comercial.
En 2025 el déficit con China fue de USS 8000 millones mientras que, nuestro superávit con Estados Unidos, de USS 1100 millones. Si le agregamos el comercio de “integración”, como la de Brasil, allí el déficit fue de USS 4500 millones. Sin esos desbalances, el superávit comercial de Argentina se duplica.
Esta tendencia muestra una sorpresa histórica: Por primera vez desde el año 2003, en el primer trimestre de 2026 Estados Unidos ha superado a China como segundo destino de nuestras exportaciones. Y más allá que esto se produce antes de las ventas de soja al país oriental, la evolución es clara: Acá hay un cambio estructural.
Es que el comercio con China quedo reducido principalmente a soja, carne bovina, y litio mientras se importaba cada vez más. No hay otros productos que puedan hacer una diferencia sustancial de divisas mientras seguimos acumulando déficits y pagos pendientes del SWAP.
La verdadera complementariedad se encontraba en el mercado estadounidense. Porque a pesar de escenarios de mayor competencia, Argentina siempre tuvo acceso al mercado americano en productos como carnes, frutas, maníes, vinos, lácteos, mientras importaba capital y tecnología.
Ahora el dinamismo es el resultado de un nuevo marco económico del pais, con eje en la energía, que en rigor ya viene creciendo hace más de diez años. Pero que en este tiempo se ha consolidado con el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones que contempla también al EXIMBANK como financiador de importaciones.
En definitiva, el ‘sorpasso’ de Estados Unidos sobre China en este primer trimestre de 2026 no es un evento fortuito, sino la decantación de una Argentina que ha decidido dejar de ser un espectador pasivo de los precios de las materias primas para convertirse en un actor protagónico de la seguridad energética y minera.
Mientras el vínculo con Beijing sigue atrapado en una inercia de déficit y primarización, la relación con Washington demuestra un complemento lógico: ellos proveen el capital, la tecnología del shale y el financiamiento mientras Argentina responde con energía, litio y el potencial de las economías regionales.
Superar el eslogan del ‘rival necesario’, ha permitido que, por primera vez en mucho tiempo, la balanza comercial no dependa del clima, sino de la capacidad de sus ductos, sus minas y su industria alimentaria. El desafío no es elegir entre un mercado u otro, sino alejarse del título fácil, devolviéndole al país la capacidad de generar divisas que pueden reiniciar los ejes fundamentales de su desarrollo.
*Agustín Jaureguiberry: Licenciado en Ciencias Políticas. Magister en estudios internacionales. Mención de la calidad del Ministerio de Educación y Ciencia. Maestría en Ciencias Políticas. Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política.