La devaluación del real implica una pérdida de competitividad para la economía argentina
El BCRA acotó suba del dólar, pero lo dejó deslizar. Su efecto contagio sobre el peso argentino- luego de la sorpresiva victoria del presidente Lula Da Silva estaba ya prevista por todos, empezando por el ministro de economía, Toto Caputo, y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
Hace tres semanas los funcionarios habían celebrado la oxigenación que implicaba la apreciación del real y la suba generalizada en el mercado de capitales luego de la primera vuelta favorable a Flávio Bolsonaro.
Una prueba de ello fue el hecho de que el BCRA se abstuviera de comprar dólares en el mercado spot, en una jornada de mucho volumen operado -u$s717 millones-. El ritmo de compras venía muy alto en las últimas semanas, por encima de u$s60 millones diarios, y esta fue la primera jornada sin sumar reservas. Más bien al contrario, por primera vez en varios meses hubo ventas, a cargo del Tesoro: los operadores del mercado hablan de unos u$s100 millones.
El otro dato clave fue que Bausili, rompiendo una abstinencia de varias jornadas, volviera a intervenir fuerte en los futuros, con posturas por 181.000 contratos -lo que equivale a u$s181 millones-.
Es una forma indirecta de intervenir en el mercado cambiario y de atenuar la suba del dólar, por la vía de atraer inversiones que se tienten con ganarle la apuesta de cobertura al Central.
El mercado local trata de responder en este momento es si el equipo económico del gobierno avalará la subida de $11 que tuvo el billete verde el «día post Lula» -un deslizamiento de 0,7%- o si, por el contrario, intentará que vuelva al nivel de la semana pre-electoral.
La paridad cambiaria, que el viernes había cerrado a 4,98 reales por dólar, saltó hasta el nivel de 5,60 reales en la apertura del lunes, pero cayó hacia el mediodía y se mantuvo en la zona de 5,40 reales por dólar. Es decir, hubo una caída de 3,5% desde la cotización «de pánico» hasta el cierre.
En realidad, lo que en el gobierno esperaban -cuando todos los indicios apuntaban a una victoria de Bolsonaro- era una revaluación del real. Era una excelente noticia para la economía argentina, porque suponía una bocanada de oxígeno en un contexto de perdida de la competitividad.




